Alas para volar | Viaje relámpago a Cancún
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Viaje relámpago a Cancún

¿Te imaginas poder cerrar los ojos y viajar a donde quisieras en este momento?

Con tanto abrigo, lluvia y frío de estos meses, me visualizo en una playa, una playa de arena blanca y aguas turquesas cristalinas. El sol quemándome los hombros y mis pies sumergidos en la arena mientras veo a mis peques jugar y pelearse entre ellos.
Mis playas favoritas por el momento, la costa norte de Cerdeña, toda la costa del mar Caribe y Segur de Calafell, toma ya! (a esta última le faltan los colores turquesas jaja pero me vale).

Me remito a un mini viaje que hicimos Enzo Lucía y yo a Cancún. Fueron solo tres días pero sin desperdicio! (Y Jan en el vientre, aunque aún no lo sabía :P)

Las veces que me ha tocado vivir en el interior, lejos del mar, pasados unos meses siento un agobio de no poder verlo. Sé que no estoy majara porque ya me ha tocado escuchar eso mismo de otras personas. Como dice Juan, al haber nacido en Barcelona tengo el listón muy alto jajaja.  He nacido y me he criado a pocos metros de la playa, llamadme “suertuda” 🙂

Cuando vivíamos en Querétaro, (México), había una terraza en lo alto de un centro comercial, donde circulaba una brisa muy agradable y me llegaba un olor yodado, me recordaba a la brisa marina y a su olor característico, así que muchas veces iba ahí con mis peques y me sentaba en un banco con un helado a sentir algo parecido a estar cerca del mar.

Era el “Spring Break”, los peques no tenían colegio y de vuelo solo teníamos 2h 30 hasta el Caribe. La chica que nos ayudaba en casa y que vivía con nosotros tampoco había visto el mar,  así que preparamos lo esencial y nos fuimos!

Llegamos al hotel, elegimos Cancún. Esa zona de playa era más apropiada para los niños, con menos oleaje. El primer día que bajamos a la la playa, estaban todas las tumbonas ocupadas con toallas, cosa que me pareció muy mal ya que la gente iba a primera hora, estiraba la toalla y dejaba alguna prenda y de esta manera se reservaban las tumbonas. Y no aparecían en horas.
Los chicos del hotel que están controlando (no sé para que están) te dicen que si en dos horas no viene la persona, se les quita la toalla de la tumbona y quedan disponibles para otros usuarios (no vi ni uno mover un dedo por sacar una toalla de ninguna tumbona). Así que ni corta ni perezosa me planté bajo una sombrilla con tumbonas fantasmas y en ese momento apareció “el dueño” . Un señor inglés, –Excuse me, it’s busy, sorry.Tranquilo usted, que yo me quedo a su lado con mis hijos refugiándome del sol , usted use sus tumbonas. (en mi “inglish pitinglish”)
Yo creo que le incomodó bastante, y acabó marchándose. Pero de esa manera  pudimos usar las tumbonas.

 


Nos embadurnábamos de crema cada dos o tres horas, y aun así, amanecimos al día siguiente como cangrejos. Enzo me decía: mamá, me duele la camiseta. ¿Cómo? ¿Hay alguna etiqueta? Hasta que vi por sus gestos, que lo que le molestaba era el roce de la camiseta en la piel, pobrete. Bajamos a desayunar, un poco de fruta, algo de leche y les dejaba que se pusieran alguna cosita a su antojo. Nubes bañadas en chocolate, vamos, lo típico que se desayuna en cualquier casa jajaja

Al segundo día, como no tenía ganas ni de discutirme con ningun “sombrillero” (señor que cuida las hamacas y sombrillas) ni con ninguna familia reserva-tumbonas,  pagué por una cama balinesa y pudimos hacer uso de ella todo el día. Incluida comida “a domicilio” sin moverte de ahí, vistas y dj. Muy chill out ¡Fenomenal!

Pasó un señor vendiendo souvenirs, le compramos un collar con una tortuguita para Lucía y un diente de tiburón para Enzo. Él pensó que el tiburón lo había pescado ese señor y aún le flipaba más.

Los nenes iban -full equip- con crema, gafas de sol, gorro y camiseta (aunque no lo veáis en la foto). Al atardecer, después de haber pasado un rato por la piscina también, nos fuimos a la habitación a duchar , cambiar de ropa y prepararnos para la cena. Les llené la bañera y ahí nos metimos los tres.
Bajamos a cenar y después estuvimos viendo unas actuaciones en directo.

Al día siguiente ya salíamos dirección Querétaro.
Una vez en la sala de embarque, esperando el avión de vuelta a casa les pregunté que es lo que más les había gustado.

Lucía me respondió que el desayuno del “Notel” y la playa.
Enzo me dijo: la bañera del hotel! jajajja

En otra ocasión busco qué hoteles tienen la bañera más grande 😛

Me encantó hacer esa escapada con ellos y ver sus caritas de felicidad.

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3 Comentarios
  • Juan
    Publicado a las 18:03h, 08 marzo Responder

    😍😍😍😍

  • Adri
    Publicado a las 10:42h, 16 marzo Responder

    Que chulo amiga! Me muero de ganas x ir a Tulum!😍

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