Donde Te Tiene Dios Ahora

El punto clave. Estás entre el sigo o me regreso, entre el camino o corro, entre el seguir de espectador o ser un hacedor.

Donde te tiene Dios ahora.

El tiempo pasa el reloj suena. Los días cargan con gran pena, la sombra de lo que no fue. El futuro de lo que no vendrá. El incierto. Lo que anhelas, pero no esperas. Porque ya no. No hay como. No lo ves. Ya no hay manera. Pero es ahí, justo ahí, donde Dios cambia todo.


Sabes que has pasado un largo camino seguramente con mucha amargura y una lucha interminable. Y es que salís de una para entrar a otra… Pero caminaste. Caminaste y no te estancaste. Decidiste seguir porque tenías la certeza que un día el cielo iba a aclarar y las nubes grises darían paso al inmenso azul. Pasaste el fuego y el tormento. Y ahora estás aquí. Donde Dios te tiene. Has aprendido lecciones y ahora, parece que estás de frente a un eterno mar de nada.

Como arenas del desierto, como un océano sin fin, un horizonte que no te dice nada. “Dame una señal” Nada. “¿Qué hago?” Nada. “Ayúdame. Háblame”. Nada. Silencio. Solo silencio.

El proceso de todo hijo de Dios cuando pasas lo más duro y ahora viene esa calma que te deja respirar y te da un poco de paz… Pero la incertidumbre quiere entrar porque aún no ves la bendición pero lo que no sabes es que ya hay ángeles que andan por doquier atando hilos a tu favor creando conexiones del Cielo para que cada conversación cada nueva relación cada puerta sea de bendición y dé fruto que sobreabunde y ya no falte la provisión.

¿Porqué dudar ahora? ¿Porqué ahora que has pasado lo más difícil? ¿Porqué ahora?

¿Qué no ves la obra maestra en que te has convertido después de tanto dolor? ¿No percibes la sabiduría que sale de tus poros y los demás perciben a tu alrededor porque lograste salir del fuego abrasador? Ese fuego, ese mismo fuego no te quemó… Solamente te pulió. Pulió un tesoro en bruto. Te quitó impurezas como al oro y desde el centro de tus entrañas sacó a relucir el brillo máximo que había estado guardado esperando este momento.

A veces, el dolor es necesario.

Pero donde te tiene Dios ahora es el trampolín para tomar el milagro imposible para el hombre, pero posible para Dios.

Solo créelo.

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